Hijos y seguidores de CLAUDIO POULLART DES PLACES Y FRANCISCO LIBERMANN, una Congregacion misionera fundadad en el dia de Pentecostes 27 de mayo de 1703

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¿Será que Dios me está llamando a la vida consagrada y/o sacerdotal?..¿Y si es así?¿Porque a mí? 

Es una pregunta que muchos nos hacemos y no sabemos cómo responder.

Dios llama de manera personal y única a cada persona, toda la vida humana es una vocación a la fe, a la aceptación del amor de Dios. La gran vocación es la vocación a la vivencia del amor.

La verdadera felicidad está en servir a los demás. Es no pertenecerse a sí mismo. Es no tener intereses propios, es pensar, querer, actuar en función de los demás, es vivir y hasta morir por la felicidad de todos en el amor de Dios.

“La verdadera felicidad es la que buscamos para los demás” (Daniel Brottier).

Pero cada uno tiene su forma peculiar de concretizar en su vida esa gran vocación al amor.

El Espíritu Santo te dá, con su don del discernimiento, la capacidad de discernir la vocación particular a la que Dios te llama.

Porque  “hay diversidad de dones, diversidad de ministerios, diversidad de obras  y servicios, pero el Espíritu es el mismo (1 Cor.12, 4ss)

En medio de esas diversidades de ministerios, hay una vocación particular a la que Dios llama a hombres y mujeres a vivir con él una radicalidad en su seguimiento.  Dejar todo para vivir por El y para El. Para ser sus colaboradores y ser para el mundo, testigos de su amor.

No debemos de tener miedo a este llamado

(Mateo 28,20) “No crean que será fácil, pero no tengan miedo porque yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.” 

(Jeremías 1,4:8) “Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, ya te consagré.

Yo exclamé: ¡Ay señor, Yahvé, Cómo podría hablar yo, que soy un muchacho!
Yahvé me contestó: ¡No me digas que eres un muchacho! Irás adondequiera que te envié, y proclamaras todo lo que yo te mande, No tengas miedo porque estaré contigo para proteger.”

( Jeremías 20: 7,9)

¡Me sedujiste, Señor,
y yo me dejé seducir!
Fuiste más fuerte que yo,
y me venciste….
Yo decía: no volveré a recordar mas al señor ni hablar mas en su nombre,
pero sentía en mi algo así como un fuego ardiente prendido en mis huesos
y aunque yo trataba de apagarlo no podía…

A continuación te presentamos unos criterios que nuestro fundador el Padre Libermann ofrece para discernir una posible vocación a la vida religiosa y/o sacerdotal:

–la precocidad y la permanencia, al menos por un periodo prolongado de tiempo, del deseo de darse totalmente a Dios y de consagrarse a su servicio.

–la ausencia de cualquier tipo de presión exterior.

La unión de esos dos criterios prueba , según Libermann, que tu interior es objeto de una solicitación divina.

Otro signo que Libermann nos da para discernir una verdadera vocación:

–Cuando el deseo de consagrarse a Dios le lleva al interesado a ser mas fervoroso, a inclinarse mas a la oración,  a superar sus defectos….eso es una marca positiva, dice Libermann

Y si tu presientes la llamada de Dios recuerda las palabras de San Juan Pablo II: “Al inicio de toda vocación debemos de tener la misma actitud de la Virgen Santísima en la anunciación, y tenemos que decidir: ’’he aquí el esclavo del señor, hágase en mí Según tu palabra”.

Por último te dejamos con una frase de nuestro fundador Claudio Poullart des Places que nos puede guiar hacia una opción vocacional: 

“Tú me buscabas Señor; yo te rehuía.
Me diste la razón: yo no la quería utilizar.
Yo quería enemistarme contigo y Tú no lo consentías…
No he venido aquí para defenderme: estoy aquí para dejarme vencer.
Habla Dios mío, a mi corazón estoy dispuesto a obedecerte”.

¿Será que Dios me está llamando a la vida consagrada y/o sacerdotal?..¿Y si es así?¿Porque a mí? 

Es una pregunta que muchos nos hacemos y no sabemos cómo responder.

Dios llama de manera personal y única a cada persona, toda la vida humana es una vocación a la fe, a la aceptación del amor de Dios. La gran vocación es la vocación a la vivencia del amor.

La verdadera felicidad está en servir a los demás. Es no pertenecerse a sí mismo. Es no tener intereses propios, es pensar, querer, actuar en función de los demás, es vivir y hasta morir por la felicidad de todos en el amor de Dios.

“La verdadera felicidad es la que buscamos para los demás” (Daniel Brottier).

Pero cada uno tiene su forma peculiar de concretizar en su vida esa gran vocación al amor.

El Espíritu Santo te dá, con su don del discernimiento, la capacidad de discernir la vocación particular a la que Dios te llama.

Porque  “hay diversidad de dones, diversidad de ministerios, diversidad de obras  y servicios, pero el Espíritu es el mismo (1 Cor.12, 4ss)

En medio de esas diversidades de ministerios, hay una vocación particular a la que Dios llama a hombres y mujeres a vivir con él una radicalidad en su seguimiento.  Dejar todo para vivir por El y para El. Para ser sus colaboradores y ser para el mundo, testigos de su amor.

No debemos de tener miedo a este llamado

(Mateo 28,20) “No crean que será fácil, pero no tengan miedo porque yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de la historia.” 

(Jeremías 1,4:8) “Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, ya te consagré.

Yo exclamé: ¡Ay señor, Yahvé, Cómo podría hablar yo, que soy un muchacho!
Yahvé me contestó: ¡No me digas que eres un muchacho! Irás adondequiera que te envié, y proclamaras todo lo que yo te mande, No tengas miedo porque estaré contigo para proteger.”

( Jeremías 20: 7,9)

¡Me sedujiste, Señor,
y yo me dejé seducir!
Fuiste más fuerte que yo,
y me venciste….
Yo decía: no volveré a recordar mas al señor ni hablar mas en su nombre,
pero sentía en mi algo así como un fuego ardiente prendido en mis huesos
y aunque yo trataba de apagarlo no podía…

A continuación te presentamos unos criterios que nuestro fundador el Padre Libermann ofrece para discernir una posible vocación a la vida religiosa y/o sacerdotal:

–la precocidad y la permanencia, al menos por un periodo prolongado de tiempo, del deseo de darse totalmente a Dios y de consagrarse a su servicio.

–la ausencia de cualquier tipo de presión exterior.

La unión de esos dos criterios prueba , según Libermann, que tu interior es objeto de una solicitación divina.

Otro signo que Libermann nos da para discernir una verdadera vocación:

–Cuando el deseo de consagrarse a Dios le lleva al interesado a ser mas fervoroso, a inclinarse mas a la oración,  a superar sus defectos….eso es una marca positiva, dice Libermann

Y si tu presientes la llamada de Dios recuerda las palabras de San Juan Pablo II: “Al inicio de toda vocación debemos de tener la misma actitud de la Virgen Santísima en la anunciación, y tenemos que decidir: ’’he aquí el esclavo del señor, hágase en mí Según tu palabra”.

Por último te dejamos con una frase de nuestro fundador Claudio Poullart des Places que nos puede guiar hacia una opción vocacional: 

“Tú me buscabas Señor; yo te rehuía.
Me diste la razón: yo no la quería utilizar.
Yo quería enemistarme contigo y Tú no lo consentías…
No he venido aquí para defenderme: estoy aquí para dejarme vencer.
Habla Dios mío, a mi corazón estoy dispuesto a obedecerte”.

Animación vocacional CSSp Py: 0982 886 221
Director vocacional: 0984 492 789
Director, Postulantado Libermann: 0972 547 652

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